jueves, 25 de febrero de 2010

Sin teatro y con barreras

Desde Cuéllar nos envían un e-mail que nos parece interesante y queremos compartir con los seguidores de La Linterna:


"Ironías de la vida: que llevemos más de 25 años los cuellaranos y las cuellaranas reclamando en nuestro pueblo (el más grande de la provincia de Segovia con 10.000 habitantes) un espacio para la cultura (entiéndase por esto un local digno donde poder hacer y ver teatro, música, danza, cine, etc.) y que una y otra vez unos y otros nos hablen de crisis, de carencia de medios, de otras prioridades y nosotros hayamos tenido que tragar y creer (o viceversa) y aun así no hayamos cesado en nuestro empeño de seguir creando y haciendo- viviendo cultura.

Pero pasa el tiempo y vemos que a nuestro alrededor, otros pueblos más pequeños (afectados por la misma crisis, carencia de medios, otras prioridades) van abriendo teatros, auditorios y salas para las artes escénicas) y a nosotros se nos cae la baba cuando menos y cuando más nos duele. Nos duele que nos engañen de esta forma tan descarada.

Y díganme si no ¿qué prioridad es la de levantar de nuevo, que no restaurar, las murallas de la antigua ciudadela? ¿Qué necesidad tenemos los cuellaranos y las cuellaranas, habiendo ya superado hace siglos las guerras entre reinos, los acosos y ataques de pueblos enemigos de una muralla cuyo fin es el de defender-se?

¿Para qué se están gastando 3 millones de euros (se dice pronto) en poner barreras cuando lo que necesita Cuéllar precisamente es salvarlas y abrirse al mundo? Hablo ahora metafóricamente de otro tipo de barreras que haberlas hay-las.

A quien corresponda poner orden en todo este despropósito que ya da vergüenza… que apechugue y reconozca el error y por favor que rectifique.

Fdo: El duende de Zereia.

Zereia es un colectivo teatral cuellaranos por el que se han movido cerca de doscientas personas y que cumple este 2010, 25 años de existencia y cuyo lema reza”25 años y seguimos en bolas”

1 comentario:

Amando Carabias María dijo...

Algunas cosas son inexplicables. Y también lamentables.